¿Por qué impulsar políticas de CTeI con perspectiva de género?

23 Noviembre 2018
Brechas de género en CTeI

Sin duda la ciencia y la tecnología juegan un rol fundamental para alcanzar los 17 objetivos de desarrollo sostenible establecidos por la Agenda 2030 de la Organización de las Naciones Unidas. Tienen el poder de transformar la sociedad y la economía, respondiendo a las prioridades de la población mundial y en específico a las de América Latina y el Caribe.

Sin embargo, entre la diversidad de obstáculos que podrían afectar esta transformación, uno que suele ser menos evidente o ampliamente socializado es la persistencia de brechas de género en el campo de la ciencia, tecnología e innovación (CTI). Estas brechas no solo impiden que la ciencia y la tecnología beneficien de igual manera a hombres y mujeres, sino que limitan la participación y contribución plena de las mujeres en estas áreas, y además reducen el impacto de la CTI en el desarrollo. Las inequidades de género se encuentran presentes en las diferentes etapas de la investigación: desde la propia definición de las preguntas de investigación, pasando por la generación de evidencia y trabajo de campo, hasta la revisión de calidad para publicar en revistas científicas y los procesos de financiamiento a la investigación e innovación.

La evidencia presentada en las sesiones del Gender Summit nos confirmó la centralidad de dos grandes retos y la importancia de proponer estrategias y acciones concretas para superarlos:

1- Poca participación de mujeres en áreas STEM

Un primer factor crítico en el contexto latinoamericano es la escasa participación de mujeres en los campos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemática (STEM, por sus siglas en inglés). Hay abundante evidencia de que las mujeres se alejan de estas áreas a medida que avanzan en el sistema educativo. Por ejemplo, en las Olimpiadas de Matemática en Brasil, en los grupos participantes más jóvenes hay mayor número de niñas que de niños, pero esta proporción decrece a medida que las niñas se vuelven mayores y los contenidos se vuelven más complejos. Por su parte en Chile, en los exámenes de matemáticas y ciencias TIMMS del 2015, no hubo diferencias entre niños y niñas del cuarto grado, pero en los resultados del octavo grado la diferencia fue de 8 puntos a favor de los varones. Entre muchos otros factores, esta situación se debe mayormente a sesgos de género, existentes por ejemplo en las expectativas de los padres: en Chile el 50% de los padres y madres espera que sus hijos varones sigan carreras en STEM, pero solo el 16% espera lo mismo para sus hijas.

La brecha de participación es aún mayor si consideramos la educación superior en la región. Por ejemplo, en 2013 solo el 19% de los estudiantes de pregrado y el 14% de los profesores en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile eran mujeres. La brecha también se refleja en la baja participación de las mujeres, a nivel global, en sectores económicos intensivos en investigación y desarrollo (I+D), como las industrias de software y tecnología (15.6%), o la industria farmacéutica y de biotecnología (15.5%). En Chile, estas figuras son aún más preocupantes, pues se registra solo un 4% de participación de mujeres en las industrias de tecnologías de la información.

2- Obstáculos a la carrera científica de las mujeres

A pesar de algunas excepciones, en América Latina y el Caribe, más mujeres están ingresando a la educación superior. No obstante, cuanto se trata de empezar o permanecer en la carrera académica o científica es común que suceda el fenómeno conocido como la “tubería de fugas” (leaky pipeline en inglés). Por ejemplo, si bien las mujeres representan cerca del 30% de todos los investigadores de Chile, solo 16% de los directores de centros de investigación con financiamiento público son mujeres.

Entre muchos factores que explican este fenómeno dos fueron ampliamente discutidos durante el Gender Summit 12. Primero, la tensión entre las demandas de la vida académica y la vida personal, especialmente en el rol de madres con hijos a quienes cuidar. Y segundo, las múltiples prácticas diarias en el mundo científico que reducen la visibilidad del aporte de las mujeres a la ciencia. Por ejemplo, los hombres auto citan sus trabajos previos en nuevos artículos 70% más a menudo que las mujeres. Sin embargo, estudios muestran que, controlando por sesgos de género en la promoción y evaluación de publicaciones científicas, las mujeres científicas son 8% más productivas que sus colegas hombres.

Sobre la base de la evidencia presentada, los participantes del Gender Summit discutieron estrategias para abordar las brechas de género en CTI y cómo generar mejores respuestas en la región latinoamericana. A pesar de los esfuerzos que están siendo realizados a diferentes niveles -academia, gobierno, centros de investigación, empresas, sociedad civil- todavía queda mucho por hacer.

De hecho, en América Latina y el Caribe estos esfuerzos suelen ser esporádicos, fragmentados y con pocos resultados visibles. Para generar impacto, las iniciativas exitosas deben ser escaladas a nivel de políticas públicas, fortaleciendo los vínculos entre el sector académico, sector privado e instituciones públicas. Algunos países como Argentina, Costa Rica, Chile y México han comenzado a incluir formalmente la perspectiva de género en sus políticas nacionales de ciencia y tecnología, de modo de tener políticas que sean capaces de actuar estratégicamente en todas las etapas del ciclo de vida de futuras científicas y científicos. Los objetivos son promover la participación de las mujeres en CTI e incorporar el enfoque de género en las decisiones institucionales. Existen muchas acciones posibles, desde atraer más niñas a carreras STEM hasta requerir la inclusión de la perspectiva de género en los proyectos de investigación como condición para el financiamiento.

Contenido tomado de IADB.org